No hermosa por sus campos y sus playas, que son hermosas.
Hermosa por su gente, por su solidaridad, por su clima privilegiado, por su estado y gobierno que se ocupa y preocupa de sus niños y sus niñas, de sus ancianos y ancianas, de sus mujeres, de sus hombres , verdad que no tenemos muchos, no somos un país del primer mundo, esos colonizaron y explotarón por siglos para obtener los privilegios y el estilo de vida que tienen.
Sino Cuba del tercr mundo, solidaria y amiga de los pobres y los necesitados de mundo.
La Cuba de Fidel y raúl.
Hay yo nací en Cuba y en Cuba me quedo. Quiero vivir mejor pero en mi Cuba. Quiero pasear y conocer el mundo pero para eso tengo que trabajar más aún y buscar como hacerlo. Creo que así es en todos los lugares del mundo. Hay que hacer las cosas mejor, eliminas cosas que entorpecen el desarrollo, hay que seguir la revolución.
Hay quiero a mi Cuba Linda.
BHs.
Tomado de Releión.org.
(Dedicado a Mey)
Y
sí, Fidel es una de las más luminosas referencias de la historia, de
las más dignas, como es Cuba un ejemplo, un gigantesco ejemplo de un
pueblo diminuto, de una isla flotando en el Caribe en las mismas narices
del Imperio.
Y saberlo y decirlo es para mi, también, una manera de agradecérselo.
Nadie
en este manicomio en que han convertido al mundo quienes dictan su
destino, disfruta de la cordura de Cuba, de su sensatez y de su juicio,
de su capacidad de lucha, de su vergüenza.
Y todo ello cuando aún
sin haber terminado de nacer, ya caían sobre ella agresiones,
calumnias, sabotajes, pestes, invasiones… Y también el embargo, el
aislamiento, el bloqueo… Y también la necesidad de transformar, solo con
el empeño, aquel Casino-Hotel Club en un país, después de haber sido,
en mala hora, descubierta, convertida a la fe y a la colonia y condenada
al monocultivo de un azúcar amargo.
Y Cuba, sin más ayuda que
el comercio que durante algunos años tuvo con la URSS en mejores
condiciones que la usura habitual del llamado mundo libre, reciclando,
reutilizando, apelando al ingenio, cuidando lo que había, cuando andar
en Cuba en bicicleta era mofa habitual de quienes han arruinado el
planeta y hoy hasta es impresentable una gran capital que se tenga por
modelo y no estimule el uso de las dos ruedas sin motor, sin
combustible, sin humos, sin ruidos, así es que sigue Cuba.
Apenas
ha pasado poco más de medio siglo sin que se desarmaran contra Cuba ni
amenazas ni agresiones y, cualquiera que sea honesto convendrá conmigo,
en que bastaría cotejar la sociedad cubana con el resto de islas
caribeñas después de más de un siglo de progreso y desarrollo
capitalista en ellas, para apreciar la diferencia.
Todavía mueren
en Cuba recién nacidos, pero en mucha menor medida que en cualquier
otro país americano, incluyendo Estados Unidos. Y es verdad, sí, es
verdad, muchos edificios en La Habana, para no hablar de Santiago,
necesitan capas de pintura para sus fachadas, pero cuando llega la noche
no hay un solo indigente en las calles cubanas buscando un portal donde
pasar la noche, como tampoco hay una niña sin escuela o un niño sin
atención médica.
A diferencia de la democracia mexicana, en Cuba
estudiar magisterio y ejercerlo no cuesta la vida; ni el periodismo,
como en Honduras, provoca la muerte; ni el sindicalismo mata como en
Colombia. En Cuba no se muere de colesterol ni de hambre. En Cuba las
artes, la danza, la pintura, no son malas palabras y el teatro tampoco
un acertijo. La cultura respira, aunque a veces haya que procurársela
asistida.
Cuba nunca es noticia porque sus estudiantes
protagonicen matanzas en las escuelas o porque perturbados que siempre
actúan solos y al servicio de nadie le pongan la nota de sangre al día.
En Cuba no se tortura ni se practica ninguno de los tantos eufemismos y
proporciones al uso en Europa y los Estados Unidos, ni aparecen fosas
comunes con cientos de cadáveres, ni sería concebible Guantánamo.
Tampoco sus policías semejan fantasmas cubiertos de escafandras y
armados de armas largas, de perros y caballos. Hasta me atrevería a
asegurar que en Cuba la policía parece gente, ni siquiera llevan
pistola.
Durante todos estos años en Cuba se ha ido minando, se
sigue en ello, la xenofobia, el racismo, el machismo, todos las
ancestrales mentiras que nos impiden reconocernos como iguales, y en
todas esas luchas de largo recorrido los progresos de Cuba son notables.
Las comparaciones también ayudarían a entenderlo.
Y, a pesar de
las limitaciones, de sus pocos recursos, Cuba ha impulsado proyectos
tan hermosos, (casi iba a decir “cristianos”) como una universidad de
medicina en la que formar gratuitamente a miles de estudiantes
latinoamericanos sin recursos, y escuelas de arte, de cine, gestionadas
con los mismos fines. Y ha tenido arrestos para hacerse presente en
África respaldando los legítimos sueños de pueblos sojuzgados por
regímenes racistas o combatiendo el Ébola, o enseñando a leer en muchas
patrias americanas, contribuyendo a la salud de pueblos vecinos. Y ahí
sigue trabajando, estudiando, investigando, haciendo importantes aportes
a la salud y educación del mundo y, sobre todo, a los conceptos más
imprescindibles para la humanidad: la solidaridad por ejemplo. Cuba ha
contribuido más que nadie, lo sigue haciendo, al cuidado de miles de
niñas y niños afectados en Chernobil. En el Sahara, aquella colonia que
el Estado español vendió a Marruecos con todo y su gente a pesar de
haber empeñado su palabra y su compromiso con Naciones Unidas de dejar
la República Árabe Saharaui en manos de sus ciudadanos, pues hay miles
de saharauis que son conocidos popularmente como “los cubanos” porque
fue en Cuba que pudieron crecer, vivir y formarse como profesionales. Es
más el castellano de esos saharauis que estudiaron en Cuba que el que
sobrevivió a la colonia y la traición española.
Buena parte del
sistema de salud de Haití ha estado en manos cubanas mientras el pueblo
haitiano espera que le llegue la ayuda económica prometida de la
“comunidad internacional”. La misma que ayer estranguló a Haití y que
hoy extorsiona a Grecia.
Y si, también es verdad, Fidel dijo una
vez que no se hace un paraíso en la falda de un volcán. Yo, más
prosaico, agregaría que alguna vez se rompe un plato, pero que lo sepan
los necios a los que cantara Silvio, yo no voy de una fábula a llorar un
responso, ni acepto un desenlace por una controversia, ni voy por un
pecado a ignorar el Infierno, ni por un desatino transijo una condena,
que un funeral descargue de culpa al cementerio o que una discrepancia
culmine en anatema. Yo no voy de una lágrima a invitar a un sepelio, ni
intercambio aspavientos por pagados aplausos ni divinos naufragios por
humanas tormentas. No voy de un eslabón a hacer una cadena ni me duele
una cruz más que sangra un calvario, ni un rescoldo me inquieta como
alarma un incendio o me aflige una cuenta tanto como un rosario y un
disparo me aturde más que un parte de guerra.
En fin que, gracias Cuba. Te debo mis mejores sueños.
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